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CATEQUISTAS:

-ID POR TODO EL MUNDO! –

Desde que empezamos el proyecto, esperábamos el momento de poder colaborar con alguien de casa, de toda la vida, con la parroquia de nuestro barrio, por eso cuando se planteó la oportunidad no dudamos en ofrecer nuestra mano para ayudar en lo que fuese.

Y después de muchas idas y venidas, de enfrentarnos a las montañas más altas por las cuales ha pasado el proyecto de Lift, alegres os podemos presentar nuestra colaboración con la parroquia de St Cebrià en Valldoreix (Barcelona).

Una parroquia muy antigua (casi mil años) pero con un espíritu muy joven. Ya todos juntos decidimos que lo mejor que podríamos ofreceros sería una prenda para los catequistas (que ya luego veremos quién es el catequista), una figura muy importante en la Iglesia, y tanta gente desinteresada que ofrece el mejor regalo que ha recibido, Jesús.

El objetivo de la colaboración es, por un lado, hacer una oda al catequista y agradecerle de corazón toda la labor que lleva a cabo y, por otro lado, ayudar a reformar una iglesia dentro del grupo parroquial de Valldoreix, y en el caso que logremos recaudar los fondos, buscar otra nueva, y así sucesivamente al infinito y más allá.

Entonces, ¿quién es catequista?, una búsqueda rápida en nuestro buscador de confianza nos dirá: “Persona que enseña los principios y dogmas de la doctrina católica”, y al final, esta descripción señala a prácticamente todos los católicos.

Por eso, hoy tenemos un mensaje para ti:

Querido catequista:

Hace un tiempo, más o menos extenso, te fue formulada una pregunta a la que, después de rezar y pensar, contestaste. – ¿Por qué quieres ser catequista? -Muchos vimos en esto una vocación, una llamada del Señor, otros una deuda a pagar con la formación que uno había recibido, otros vieron un ¿por qué no?, otros una oportunidad de servir… Y ninguno estaba equivocado, lo comprobamos al verte dando catequesis.

Aún así, muchas veces nos pasa que te olvidas de que respondiste a esa pregunta y esto es debido a que no buscas cada viernes la respuesta. Seguramente llegas al final de la semana por inercia y das la catequesis con el cariño de una madre que enseña a sus hijos después de un arduo día de trabajo. Y no está mal, al revés, qué imagen tan bella, ¿verdad?

El otro día mientras leía el libro “La sombre del Padre”, sobre san José, me imaginaba a José dándole catequesis a Jesús (surrealista, ¿no?) pero es una imagen imprescindible en el corazón del catequista, ya que a esto estamos llamados nosotros: a ser ‘San Josés’ para las almas que Dios pone en nuestras manos. Qué humildad se necesita para ser como San José, para aceptar que es Dios y no nosotros, que somos solo sombras del Padre, que sin su luz no somos, no hacemos, ni siquiera somos visibles.

Hay una respuesta, a la pregunta que he formulado al principio de estas líneas, que nunca he escuchado y que, después de tantos años buscando la respuesta, creo que es la más correcta. Soy catequista para, como diría Madre Teresa: “saciar su sed de amor y de almas.” No porque tengo buenas ideas, una gran formación, me llevo bien con todos, se me dan los nombres, mis charlas son geniales, canto muy bien… No, porque como Jesús le dijo a la Santa de Calcuta: “Pequeña dame almas – dame las almas de los niños pobres de la calle – ¡Qué dolor! – si tan solo conocieras a estos pobres niños manchados de pecado. Deseo la pureza de su amor. – Si solo respondieras a Mi llamado – y me trajeses esas almas – apártalos de la mano del Malo…. Mi deseo es por ellos – a ellos los amo – ¿Vas a rehusar mi pedido?” Y así son todos los niños y niñas que acuden, porque tienen “sed de Dios”, a la parroquia y así son, también, los catequistas que los acogen, pobres. Pero pobres con alma, amados infinitamente por Dios, anhelados profundamente por su Redentor. Y es que es el alma lo que salvamos gracias a Dios, pero con las heridas y los miedos del ser. No podemos olvidarnos de que “habiéndolos amado, los amó hasta el extremo.” En una última lección que nos da el Señor sobre el amor, “hasta el extremo” significa a todos y dándolo todo (la vida), sin juzgar, solo amando, perdonando y sobre todo, ser conscientes de que el amor más grande, puro y salvador se da en la Cruz, así que para amar de verdad hay que morir. Cualquier catequista que no muera un poco cada día de parroquia, está faltando al mandamiento del amor “amaos los unos a los otros como yo os he amado”.

 

Este es el primer paso del catequista que quiere santificar su ministerio, el amor. El primer paso y el último, porque todo lo demás es consecuencia de este amor por Dios y por los niños y niñas a los que acompañamos. La formación, preparación, oración, pasión, entrega, el compromiso, la sinceridad, la compasión hacia todas esas almas que el Señor nos entrega, todas estas cosas salen solas cuando uno ama.

Ser catequista no es fácil, porque los niños y niñas saben cuando aquel que les habla, vive aquellas cosas que está diciendo, sienten de una manera especial, que a los adultos nos cuesta más, la sinceridad de aquellos a los que admiran. Y es que el catequista, como decía San Francisco de Asís, “Predica el evangelio en todo momento, y cuando sea necesario, utiliza las palabras”.

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29,90 (IVA incluido)

Especificaciones:
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  • Tacto muy suave.
  • Composición: 71% algodón orgánico, 25% poliéster reciclado, 4% viscosa.
  • Peso: 280 g/m²
  • Estampación: serigrafía.
  • En la fotografía, la chica de la izquierda lleva la talla L y la de la derecha la talla M.

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Sudadera “QUISTA”

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  • Sudadera ligera y orgánica.
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  • Composición: 71% algodón orgánico, 25% poliéster reciclado, 4% viscosa.
  • Peso: 280 g/m²
  • Estampación: serigrafía.
  • En la fotografía, las chicas llevan la talla S.

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